El zinc juega un papel fundamental en la producción hormonal, la fertilidad masculina y la síntesis de proteínas. Es un mineral esencial que el cuerpo no almacena — debe obtenerse diariamente a través de la dieta o suplementación.
El zinc actúa como cofactor de más de 300 enzimas, incluyendo las directamente involucradas en la síntesis de testosterona en las células de Leydig. Regula la secreción de hormona luteinizante (LH) desde la pituitaria — la señal que activa la producción de testosterona en los testículos — y es necesario para la conversión enzimática de precursores esteroideos en testosterona activa.
Un estudio controlado (Nutrition, Prasad et al., 1996) con hombres jóvenes sanos demostró que 20 semanas de restricción dietética de zinc redujeron la testosterona de 39.9 a 10.6 nmol/L — una caída del 73%. En el mismo estudio, hombres mayores con deficiencia marginal de zinc que suplementaron durante 6 meses duplicaron sus niveles de testosterona: de 8.3 a 16.0 nmol/L. Los autores concluyeron que el zinc juega un rol fundamental en la modulación de la testosterona en hombres normales.
Un estudio clínico (Archives of Andrology, Netter et al., 1981) con 37 hombres con infertilidad idiopática mostró que en el grupo con testosterona baja, la suplementación oral con zinc elevó significativamente la testosterona, DHT y conteo espermático — con 9 embarazos registrados en las parejas.
Una revisión sistemática (Journal of Trace Elements in Medicine and Biology, 2023) que analizó 38 estudios — incluyendo 8 ensayos clínicos — confirmó que la deficiencia de zinc reduce los niveles de testosterona y que la suplementación los restaura, con efecto proporcional al estado basal de zinc del individuo.