La vitamina D juega un papel fundamental en la regulación hormonal, la función inmune y la salud ósea. Actúa como hormona esteroide, regulando directamente la expresión de genes involucrados en la producción de testosterona, la función muscular y el sistema inmune.
La vitamina D se une a receptores presentes en casi todos los tejidos del cuerpo — incluyendo las células de Leydig en los testículos — regulando la expresión de cientos de genes. En el eje hormonal masculino, estimula directamente la síntesis de testosterona y modula los niveles de SHBG y estradiol.
Un ensayo clínico aleatorizado doble ciego (Hormone and Metabolic Research, Pilz et al., 2011) con 54 hombres con deficiencia de vitamina D mostró que 3,332 IU/día durante 12 meses produjo aumentos significativos en testosterona total (de 10.7 a 13.4 nmol/L), testosterona bioactiva (de 5.21 a 6.25 nmol/L) y testosterona libre (de 0.222 a 0.267 nmol/L) vs. placebo, donde no hubo cambio significativo en ninguna medida.
Un meta-análisis de 17 ensayos clínicos controlados (Diseases, 2024) que analizó la evidencia acumulada hasta julio de 2024 confirmó que la suplementación con vitamina D aumenta significativamente la testosterona total en hombres adultos.
La evidencia es más consistente en hombres con deficiencia de vitamina D — condición que afecta a la mayoría de la población moderna por la reducción de exposición solar y el trabajo en interiores.